Integración, Cohesión Social y Ciudadanía
Resumen
Apartes de la intervención de Maria Teresa Quiroz, Presidenta de la Federación latinoamericana de Facultades de Comunicación Social (Felafacs), durante el Foro de Alto Nivel: "Comunicación, Integración y Desarrollo", organizado por la Secretaría General de la Comunidad Andina de Naciones con el auspicio de la Comisión Europea, y celebrado en Medellín, Colombia, en abril de 2006.
Textocompleto
El objetivo de esta reunión, de conformar una Red Andina de Comunicadores Sociales que articule la labor informativa de la prensa y de los comunicadores sociales, es indudablemente un asunto de primerísima importancia y lo es en la medida que se plantee la posibilidad de defender agendas comunes que atraviesan la vida de los ciudadanos y las ciudadanas. Trataré con esta intervención de fijar algunos términos y conceptos en relación a la comunicación y la integración.
Quiero iniciar mi presentación citando al sociólogo peruano y director de la Biblioteca Nacional, Silesio López, quien en un magnífico libro que se titula “Ciudadanos reales e imaginarios” señala lo siguiente -a propósito del Perú, pero desde una reflexión perfectamente extensiva a la región. Dice Silesio López: “Quizás el cambio más importante que ha vivido el Perú en este siglo XX, ha sido el tránsito de una sociedad cerrada de señores a una sociedad de ciudadanos, a través de un proceso que aún no ha concluido; la emergencia masiva de peruanos y peruanas con derechos de diversos tipo, más o menos reconocidos aunque difícilmente garantizados. Gracias a este cambio inconcluso –añade- los peruanos han dejado de ser objetos de poder para transformarse en sujetos de derechos y de poder. Esa transformación, sin embargo, ha estado sometida como todo proceso político a la tensión en que una dimensión normativa ideal y la experiencia concreta de las prácticas ciudadanas reales, entre una ciudad imaginada y otra real, entre reconocimiento universal de los derechos y el ejercicio limitado de los mismos, así como la falta de garantías institucionales para ejercerlos”.
Esta brecha interesadamente mantenida por las instituciones estatales y las élites que las controlaban y las controlan, explica probablemente el escaso interés político e intelectual por el tema de la ciudadanía.
Las deficiencias en la formación de la ciudadanía se expresan en la acentuada desigualdad de esta, que hace que unos sean más ciudadanos que otros; en el acceso desigual al conjunto de los derechos civiles, políticos y sociales, lo que determina lo que llama una alta inconsistencia ciudadana; así como la existencia de diversas brechas sociales, regionales, rural-urbanas, de género y étnicas.
Las preguntas que nos podemos plantear el día de hoy o algunas de ellas son las siguientes: ¿De qué modo la comunicación puede contribuir a crear una comunidad de ciudadanos y ciudadanas y apostar por una integración en la región?, ¿Es posible pensar en una ciudadanía no sólo digamos así nacional sino de alcance regional?, ¿Pueden los medios de comunicación y los periodistas contribuir a crear un estado de ánimo regional? Por otro lado, ¿recogen los medios de comunicación las prioridades de la agenda de los ciudadanos y las ciudadanas?
Hay muchas investigaciones que demuestran que no siempre es así. A pesar de lo cual hoy en día se consumen más medios y se cree más en ellos, especialmente la televisión y la radio, aunque también la prensa. Y se cree más en ellos que en el discurso de los políticos y sus instituciones propias. Los ciudadanos y ciudadanas se acercan preferentemente a los medios, porque en ellos se encuentra la información instantánea, la unidad simbólica entorno a uno u otro tema de interés mediático, el espectáculo, la teatralización de la difusión y un cierto develamiento de los ámbitos desconocidos del poder.
En ese contexto, cabe afirmar que los medios harían bien en reconocer la importancia de sus responsabilidades para con los ciudadanos, sus responsabilidades con la necesaria pluralidad, con la tolerancia y con darle voz a los que no la tienen. El derecho a la libertad de prensa debería estar indisolublemente vinculado con el derecho a la información. Es un gran desafío para los medios desarrollar la capacidad, la habilidad y sobre todo el interés necesario para convertir en noticia aspectos importantes que afectan la vida de gruesos sectores de la población.
decir lo que voy a decir, pero si la política no convoca ni cohesiona, la comunicación tiene capacidad de unir y de identificar, así estos lazos que genera la comunicación sean fugaces, provisionales o desinstitucionalizados [...]
En ese sentido, la comunicación y la cultura son hoy campos estratégicos o escenarios estratégicos, que le están exigiendo a la política también densificar su dimensión simbólica, su capacidad de convocar y construir ciudadanos. Los partidos tendrían que comprender mejor los cambios en las sociedades contemporáneas, para proponer proyectos de sociedad y debates públicos que realmente lleguen al conjunto de la gente.
Es que la política tradicional se ha disuelto, la crisis de los partidos los hace perder legitimidad y capacidad de representación, lo que produce la aparición además de movimientos con menor institucionalización, temporalidades distintas y otros proyectos de acceso y gestión del poder. ¿Que ocurre ahí con los medios de comunicación? Los medios han sufrido una serie de transformaciones, han ingresado a las lógicas industriales y son impactados también por los cambios tecnológicos. Han crecido ligados a la globalización y han ido cambiando sus formas de narrar. Internet ha influido definitivamente en esto también [...]
No hay medios sin política y no hay política sin medios, no sólo porque la democracia es un gobierno de opinión, sino porque por los medios pasa o se represa buena parte de la información, mediante la cual los ciudadanos se enteran de los actos de gobierno y van definiendo sus propias posiciones e inquietudes [...]
No es exagerado afirmar que la consolidación de nuestra democracia debe girar alrededor de la ética, los valores, la cultura y la cultura, hoy ausentes en escenarios deficitarios en materia de democracia y claves para alcanzar y recuperar la confianza ciudadana. La corrupción es un problema ético, económico y político, con capacidad para vulnerar las posibilidades de un desarrollo sostenible y equitativo, y frenar la consolidación de nuestras democracias. Entonces, indudablemente los sistemas políticos necesitan atender las aspiraciones individuales de los ciudadanos a formas de vidas comunitarias que les permitan ejercer su capacidad para definirse a sí mismo como sujetos [...]
Los tensos vínculos entre los medios de comunicación y el poder político son un rasgo que caracteriza los países de la región andina, en especial las relaciones entre los medios y los políticos o los partidos. De acuerdo a la opinión de los 231 líderes latinoamericanos entrevistados en este documento del PNUD, de los cuales más de la mitad son políticos, los medios de comunicación son, después de los grupos económicos y financieros, los que ejercen el mayor poder de la región. Estos mismos líderes tienen la convicción, según el informe referido, de que la influencia de los medios limita el poder de las instituciones políticas.
Si bien este es un tema de debate, sobre el cual todos los analistas no coinciden, es muy cierto que la carencia de mediaciones entre la sociedad y el Estado en la región andina abre a los medios de comunicación un espacio de representación y de gran iniciativa para fijar y seleccionar los puntos del debate público. Se contraponen agendas e intereses distintos y contradictorios entre los partidos, los medios y los ciudadanos. Si los estados no han logrado conquistar una mayor legitimidad y garantizar la gobernabilidad democrática, la distancia histórica existente en buena parte de la región entre el Estado y los diversos componentes del sector popular no ha disminuido en casi ningún país durante las décadas recientes. Esto es más agudo en la región andina, si se trata de comparar la desigualdad, la pobreza y la indigencia entre su población.
Algunas reflexiones para terminar sobre los medios, la democracia y sus posibilidades para consolidar nuevas relaciones de convivencia en la región andina.
La prensa y los medios de comunicación han sido durante décadas, y en el marco de la vida democrática, un recurso de los ciudadanos contra el abuso del poder o de los poderes. Si bien esto ha sido mucho más frecuente en los estados autoritarios, también ocurre en los gobiernos democráticos. Es por esto que se llamó al periodismo el cuarto poder. Sin embargo, desde los años 90, con el desarrollo de la globalización, este cuarto poder fue vaciándose de sentido al perder su función de contrapoder.
En medio de una tendencia a la rentabilidad, los periodistas se enfrentan a un público que demanda cada vez más transparencia, responsabilidad, capacidad crítica y autocrítica del periodismo. El tema de la calidad y el respeto a la libertad de información ciudadana se convierte en un asunto fundamental. En medio de las crisis institucionales, de la falta de representación y legitimidad de los partidos políticos, los medios necesitan, como nunca, afirmarse de forma autónoma en la producción de información. La sumisión de los medios frente al poder no resulta tampoco rentable. Muy por el contrario la rentabilidad está hoy en día en su independencia, incluso más allá de ser oposición.
El periodismo requiere como nunca de una definición independiente, ser riguroso, analítico y de investigación. Necesita ofrecer más allá de la defensa ideológica de ciertos intereses, las diversas versiones, incluso las minoritarias, a fin de acercarse a los ciudadanos y a sus intereses colectivos. La relación entre periodismo y gobernabilidad resulta cada vez más importante, en la medida de la función que cumple el periodismo en la construcción de lo público, y en tanto el periodismo es parte de la escena pública justamente en una sociedad. Se trata, por lo tanto, de una puesta moral, para concertar esfuerzos y que los comunicadores y periodistas puedan contribuir a evitar que la profunda fractura entre sociedad y política cuestione los pilares de nuestras sociedades democráticas.
Pero aquí reunidos la apuesta es mayor, porque la vocación por una integración regional implica convivir con la diferencia por un futuro regional, que demanda de parte de todos nosotros tolerancia y apertura para alcanzar logros que los ciudadanos y ciudadanas de nuestra región lo sientan verdaderamente como propios.
Quiero iniciar mi presentación citando al sociólogo peruano y director de la Biblioteca Nacional, Silesio López, quien en un magnífico libro que se titula “Ciudadanos reales e imaginarios” señala lo siguiente -a propósito del Perú, pero desde una reflexión perfectamente extensiva a la región. Dice Silesio López: “Quizás el cambio más importante que ha vivido el Perú en este siglo XX, ha sido el tránsito de una sociedad cerrada de señores a una sociedad de ciudadanos, a través de un proceso que aún no ha concluido; la emergencia masiva de peruanos y peruanas con derechos de diversos tipo, más o menos reconocidos aunque difícilmente garantizados. Gracias a este cambio inconcluso –añade- los peruanos han dejado de ser objetos de poder para transformarse en sujetos de derechos y de poder. Esa transformación, sin embargo, ha estado sometida como todo proceso político a la tensión en que una dimensión normativa ideal y la experiencia concreta de las prácticas ciudadanas reales, entre una ciudad imaginada y otra real, entre reconocimiento universal de los derechos y el ejercicio limitado de los mismos, así como la falta de garantías institucionales para ejercerlos”.
Esta brecha interesadamente mantenida por las instituciones estatales y las élites que las controlaban y las controlan, explica probablemente el escaso interés político e intelectual por el tema de la ciudadanía.
Las deficiencias en la formación de la ciudadanía se expresan en la acentuada desigualdad de esta, que hace que unos sean más ciudadanos que otros; en el acceso desigual al conjunto de los derechos civiles, políticos y sociales, lo que determina lo que llama una alta inconsistencia ciudadana; así como la existencia de diversas brechas sociales, regionales, rural-urbanas, de género y étnicas.
Las preguntas que nos podemos plantear el día de hoy o algunas de ellas son las siguientes: ¿De qué modo la comunicación puede contribuir a crear una comunidad de ciudadanos y ciudadanas y apostar por una integración en la región?, ¿Es posible pensar en una ciudadanía no sólo digamos así nacional sino de alcance regional?, ¿Pueden los medios de comunicación y los periodistas contribuir a crear un estado de ánimo regional? Por otro lado, ¿recogen los medios de comunicación las prioridades de la agenda de los ciudadanos y las ciudadanas?
Hay muchas investigaciones que demuestran que no siempre es así. A pesar de lo cual hoy en día se consumen más medios y se cree más en ellos, especialmente la televisión y la radio, aunque también la prensa. Y se cree más en ellos que en el discurso de los políticos y sus instituciones propias. Los ciudadanos y ciudadanas se acercan preferentemente a los medios, porque en ellos se encuentra la información instantánea, la unidad simbólica entorno a uno u otro tema de interés mediático, el espectáculo, la teatralización de la difusión y un cierto develamiento de los ámbitos desconocidos del poder.
En ese contexto, cabe afirmar que los medios harían bien en reconocer la importancia de sus responsabilidades para con los ciudadanos, sus responsabilidades con la necesaria pluralidad, con la tolerancia y con darle voz a los que no la tienen. El derecho a la libertad de prensa debería estar indisolublemente vinculado con el derecho a la información. Es un gran desafío para los medios desarrollar la capacidad, la habilidad y sobre todo el interés necesario para convertir en noticia aspectos importantes que afectan la vida de gruesos sectores de la población.
decir lo que voy a decir, pero si la política no convoca ni cohesiona, la comunicación tiene capacidad de unir y de identificar, así estos lazos que genera la comunicación sean fugaces, provisionales o desinstitucionalizados [...]
En ese sentido, la comunicación y la cultura son hoy campos estratégicos o escenarios estratégicos, que le están exigiendo a la política también densificar su dimensión simbólica, su capacidad de convocar y construir ciudadanos. Los partidos tendrían que comprender mejor los cambios en las sociedades contemporáneas, para proponer proyectos de sociedad y debates públicos que realmente lleguen al conjunto de la gente.
Es que la política tradicional se ha disuelto, la crisis de los partidos los hace perder legitimidad y capacidad de representación, lo que produce la aparición además de movimientos con menor institucionalización, temporalidades distintas y otros proyectos de acceso y gestión del poder. ¿Que ocurre ahí con los medios de comunicación? Los medios han sufrido una serie de transformaciones, han ingresado a las lógicas industriales y son impactados también por los cambios tecnológicos. Han crecido ligados a la globalización y han ido cambiando sus formas de narrar. Internet ha influido definitivamente en esto también [...]
No hay medios sin política y no hay política sin medios, no sólo porque la democracia es un gobierno de opinión, sino porque por los medios pasa o se represa buena parte de la información, mediante la cual los ciudadanos se enteran de los actos de gobierno y van definiendo sus propias posiciones e inquietudes [...]
No es exagerado afirmar que la consolidación de nuestra democracia debe girar alrededor de la ética, los valores, la cultura y la cultura, hoy ausentes en escenarios deficitarios en materia de democracia y claves para alcanzar y recuperar la confianza ciudadana. La corrupción es un problema ético, económico y político, con capacidad para vulnerar las posibilidades de un desarrollo sostenible y equitativo, y frenar la consolidación de nuestras democracias. Entonces, indudablemente los sistemas políticos necesitan atender las aspiraciones individuales de los ciudadanos a formas de vidas comunitarias que les permitan ejercer su capacidad para definirse a sí mismo como sujetos [...]
Los tensos vínculos entre los medios de comunicación y el poder político son un rasgo que caracteriza los países de la región andina, en especial las relaciones entre los medios y los políticos o los partidos. De acuerdo a la opinión de los 231 líderes latinoamericanos entrevistados en este documento del PNUD, de los cuales más de la mitad son políticos, los medios de comunicación son, después de los grupos económicos y financieros, los que ejercen el mayor poder de la región. Estos mismos líderes tienen la convicción, según el informe referido, de que la influencia de los medios limita el poder de las instituciones políticas.
Si bien este es un tema de debate, sobre el cual todos los analistas no coinciden, es muy cierto que la carencia de mediaciones entre la sociedad y el Estado en la región andina abre a los medios de comunicación un espacio de representación y de gran iniciativa para fijar y seleccionar los puntos del debate público. Se contraponen agendas e intereses distintos y contradictorios entre los partidos, los medios y los ciudadanos. Si los estados no han logrado conquistar una mayor legitimidad y garantizar la gobernabilidad democrática, la distancia histórica existente en buena parte de la región entre el Estado y los diversos componentes del sector popular no ha disminuido en casi ningún país durante las décadas recientes. Esto es más agudo en la región andina, si se trata de comparar la desigualdad, la pobreza y la indigencia entre su población.
Algunas reflexiones para terminar sobre los medios, la democracia y sus posibilidades para consolidar nuevas relaciones de convivencia en la región andina.
La prensa y los medios de comunicación han sido durante décadas, y en el marco de la vida democrática, un recurso de los ciudadanos contra el abuso del poder o de los poderes. Si bien esto ha sido mucho más frecuente en los estados autoritarios, también ocurre en los gobiernos democráticos. Es por esto que se llamó al periodismo el cuarto poder. Sin embargo, desde los años 90, con el desarrollo de la globalización, este cuarto poder fue vaciándose de sentido al perder su función de contrapoder.
En medio de una tendencia a la rentabilidad, los periodistas se enfrentan a un público que demanda cada vez más transparencia, responsabilidad, capacidad crítica y autocrítica del periodismo. El tema de la calidad y el respeto a la libertad de información ciudadana se convierte en un asunto fundamental. En medio de las crisis institucionales, de la falta de representación y legitimidad de los partidos políticos, los medios necesitan, como nunca, afirmarse de forma autónoma en la producción de información. La sumisión de los medios frente al poder no resulta tampoco rentable. Muy por el contrario la rentabilidad está hoy en día en su independencia, incluso más allá de ser oposición.
El periodismo requiere como nunca de una definición independiente, ser riguroso, analítico y de investigación. Necesita ofrecer más allá de la defensa ideológica de ciertos intereses, las diversas versiones, incluso las minoritarias, a fin de acercarse a los ciudadanos y a sus intereses colectivos. La relación entre periodismo y gobernabilidad resulta cada vez más importante, en la medida de la función que cumple el periodismo en la construcción de lo público, y en tanto el periodismo es parte de la escena pública justamente en una sociedad. Se trata, por lo tanto, de una puesta moral, para concertar esfuerzos y que los comunicadores y periodistas puedan contribuir a evitar que la profunda fractura entre sociedad y política cuestione los pilares de nuestras sociedades democráticas.
Pero aquí reunidos la apuesta es mayor, porque la vocación por una integración regional implica convivir con la diferencia por un futuro regional, que demanda de parte de todos nosotros tolerancia y apertura para alcanzar logros que los ciudadanos y ciudadanas de nuestra región lo sientan verdaderamente como propios.
Fuente
Evento cubierto por La Iniciativa de Comunicación.
Doctorada en Sociología por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y
Maestría en Sociología por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Profesora Principal de la Facultad de
Comunicación de la Universidad de Lima e Investigadora del Instituto de Investigación de la misma Universidad en
temas de comunicación y educación, medios y política, cultura y comunicación. Fue Decana de la Facultad de
Comunicación entre 1996-2002. Ha sido profesora en el Postgrado de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional
Mayor de San Marcos. Consultora en diversos proyectos de desarrollo, así como monitoreo de medios. Parte del
Comité Editorial de revistas especializadas en comunicaciones. Presidenta de la Federación Latinoamericana de
Facultades de Comunicación Social (Felafacs). Coordinadora del Consejo Directivo de la Asociación Civil
Transparencia. Vocal del Tribunal de Ética del Consejo de la Prensa Peruana. Miembro de Foro Educativo
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